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Optimismo y pesimismo.

Aquí os dejo otra unidad didáctica de nuestra becaria, María Villalón Trujillo, para volver a darle un repaso a los tiempos del pasado y al vocabulario sobre sentimientos.

¿Qué os sugiere esta imagen?

Antes de leer el texto, contesta a las siguientes preguntas.

Dicen los especialistas que el optimismo es el camino más corto hacia la felicidad. ¿Se nace optimista o se puede aprender a mirar la vida con ojos más venturosos?

Ahora lee el texto.

¿Mitad lleno o mitad vacío? El optimista suele ver lo que está dentro del vaso y no lo que falta.

La definición de optimismo que encontramos en el diccionario es “la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable”. De acuerdo a ello, quienes hoy investigan las características del optimismo se detienen en dos cuestiones principales: ¿El optimismo es la actitud que nos guía a la felicidad? ¿Es una cualidad innata o podemos aprenderla?
Los científicos responden a la primera cuestión afirmando que las personas optimistas son más felices por mirar el mundo con mejores ojos. Esta actitud los favorece en cuestiones de salud (se enferman menos o transcurren sus enfermedades de mucho mejor ánimo) y además tienen más éxito en sus trabajos, sus estudios o cualquier otra actividad que realicen.
En cuanto a la segunda cuestión, se establecen muchas más dudas que certezas. Muchos pensadores, como el fundador de la psicología positiva Martin Seligman, afirman que hasta las personas más cínicas son capaces de aprender optimismo y mejorar sus vidas.
Lo importante es remarcar que mientras el pesimista se siente impotente ante la adversidad, el optimista considera a los golpes de la vida como desafíos temporarios y reversibles.
La investigadora estadounidense Carol Dweck, también opina que el optimismo puede aprenderse. Considera que el optimismo está al alcance de todos con sólo adoptar lo que ella define como “mentalidad del cambio”: tener conciencia de que somos personas cambiantes, que crecemos cada vez que nos arriesgamos a aprender algo nuevo y que el optimismo incrementa cuando uno se da cuenta de que es dueño de su destino.
La mejor manera de criar optimistas es educando a los jóvenes con una “mentalidad de crecimiento”: aumentar su autoconfianza felicitándolos por sus esfuerzos y no por sus logros.

Tu turno para hablar.

¿Qué piensas del texto? ¿Crees que se puede aprender a ser optimista?

¿Te consideras una persona optimista o pesimista? ¿Siempre has sido igual?

Si te pones ¨las gafas del optimismo ¨, ¿qué cambia entonces en tu óptica del mundo?

¿Qué es más útil, ser optimista o pesimista?

¿No crees que en realidad los pesimistas son, en realidad, realistas?

Define con tus propias palabras el concepto optimismo y pesimismo.

Pasamos a la gramática. Sustituye el presente por una forma de pasado.

Tú y yo somos muy diferentes, tú eres más alto y yo soy más grueso.

A mí no me haces creer esas tonterías.

Eso que defiendes, es una cabezonería, una chiquillada.

Tú me dejas aquí todos los papeles y yo te resuelvo el problema.

Ya sabes que no me gusta estudiar y no se me ocurre qué hacer con mi vida.

Al que madruga Dios le ayuda.

Me mandas una carta y me explicas claramente cuáles son tus condiciones.

Si me lo regalan, naturalmente no lo rechazo.

Me siento muy mal aquí, si lo sé, no vengo.

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